La trampa.

Quisieron medir, controlar, mejorar la calidad, hacerlo de forma más rápida, hacerlo más barato (¡por qué no!), detallarlo todo en el manual de puestos. Pasaron a externalizar algunas funciones, a subcontratar lo que era más simple de hacer fuera. 

Porque querían empleados sustituibles. 

Caímos en la trampa

Nos contrataron, nos dictaron las tareas, nos encuadraron en el organigrama. Cumplimos y nos dieron una paga. El problema es que mataron la autonomía y nuestra creatividad. Se comenzaron a desarrollar autómatas. Personas frustradas que aguantan de 9 a 6 a cambio de una paga y solo piensan en el viernes. Malo para ti, malo para ellos, malo para todos.

Boom !

Todo lo que hicimos parece que no vale. ¡NO somos competitivos! ¡NO es sostenible! Globalización, internacionalización, tecnología… ¡Nos comen la tostada! Algunas organizaciones se han dado cuenta. Por fin comienzan a buscar otras cosas. Cosas que no se leen en los CV, que son diferenciales y no se pueden procedimentar ni publicar en la intranet.

¿El reto? Cómo salir y enriquecer nuestro proyecto profesional. 

¿La oportunidad? Hay actitudes que te pueden hacer difícilmente reemplazable. Si no, seremos uno más. Entre tantos.

* La foto es de @Stuckincustoms!

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