Ignorantes de espíritu

No sabemos nada de tu historia, si hay muchos capítulos escritos o si está casi todo por construir. Ni siquiera sabemos cómo llegamos a encontrarnos. Qué más da. Los datos no dicen mucho sobre las inquietudes o esperanzas que te inspiran, los pasos recorridos o las cicatrices que van marcándote. (…) Siendo seres únicos, es paradójico todo aquello que compartimos: anhelos, sueños, deseos, búsquedas, incertidumbres, lágrimas, risas (…) Todas estas cosas tienen que ver con lo que llamamos “Espiritualidad”.

Así comienza un texto sobre espiritualidad que profundiza en lo que nos une en vez de resaltar lo que nos separa. Y es todo un acierto. Me explico.

El pasado martes conocí el Santuario de Loyola, cuna de los Jesuitas y, a la postre germen de, entre otras muchas cosas, la Universidad de Deusto. Se nos proponía una jornada en la que trabajar claves de “Espiritualidad”. Ha sido un bonito soplo de aire fresco. Y para mí una muy grata sorpresa, dado que siendo “mi primera vez” iba un poquito receloso. Expectante. Nos llenamos la boca al hablar de diversidad y la verdad es que muchas veces pueden sobrarnos los prejuicios. Pensamos en espiritualidad y ¡txas!, surge “lo religioso”; la espiritualidad del creyente vs el que no lo es. Las etiquetas.

Seguramente influya también aquello de las modas (llamémoslo emprendedor y olvidémonos del empresario o el autónomo, por ejemplo). La espiritualidad como concepto parece que no está de moda.

El concepto de espiritualidad sobre el que trabajamos el pasado martes tenía más que ver con la vida, con lo que nos mueve, con lo inspirador y con la sensibilidad que con cualquier otra cosa. Reflexionamos sobre nuestro estilo y ritmo de vida y nuestras actitudes. #Slowwork, que diría el otro. Que parece que está más de moda

Reconocíamos la mayoría de los allí presentes que no nos cuidamos. “Nuestras vidas parecen maletas repletas con la cremallera a punto de estallar” apuntaba Cristobal, el ponente y Jesuita. La irracionalidad de lo urgente. La irracionalidad del permanentemente ocupado. El permanentemente quemado. Concluíamos que éramos un poco “ignorantes de espíritu” (que no pobres). Eso sí. Con ganas de ponernos en marcha.

Algunos conceptos que aportan:

  1. El foco en el YO vs el foco en el ayudar: Ayudar es dejar de estar en el centro de todo. Yo, mí, me, conmigo y para mí. “Yoísmo” insaciable. No nos queman las cosas que hacemos o que nos suceden. Nos quema cómo las vivimos. Cuando todo lo vivimos desde el YO, todo nos consume. Ayudar es dejar algo de espacio para los demás. “Implica un respeto profundo y la libertad de decidir de la otra persona”. 
  2. Agradecer: Joder. Agradece todo lo que tienes. Porque has recibido mucho. Techo, pan, un saludo, conversaciones, esa sonrisa, e-mails. Seguramente hasta te hayan invitado a un café hoy. Y si no es así, por lo menos ¡respiras! Sonríe y aléjate de la queja permanente. De esos corrillos nocivos. Aléjate del pasado siempre fue mejor. “Tenemos más motivos para alegrarnos de vivir en este tiempo que para quejarnos de él” – San Agustín.
  3. Individualismo vs trabajo en equipo: ¿Por qué competimos? ¿Tenemos espacios para colaborar? ¿Qué ha primado en nuestra cultura y en lo que hemos vivido? ¿Nos han enseñado a pisar al de enfrente? ¿Se premiaba el respeto? Es cierto. Hacemos pocas reuniones gratuitas; para ayudar a ese departamento que está pegado a tu pared, para echar un cable a la compañera. La realidad es que para cambiar las culturas hace falta tiempo, espacio y ganas. Ganas que únicamente se generan si descubrimos que no estamos solos. Y que la conversación y la cooperación solo se viven elevándonos del papel.
  4. Excluir vs integrar: Nos pasamos la vida poniendo etiquetas que acaban excluyendo. Somos expertos en pedir datos. ¿Y tú de quién eres? ¿De qué equipo/color/raza/mentalidad/partido político decías que eras? Se nos olvida lo verdaderamente importante. Que es necesario pensar a lo grande. Pensar más allá de mi interés individual. Hoy me junto contigo porque quiero regalarte mi tiempo, mi talento y mis habilidades. ¿Lo has hecho en la última semana? ¿Lo has hecho en el último mes? ¿Y año? Si has respondido no, no únicamente estás excluyendo a los demás. Te excluyes a ti mismo. Y si excluimos no crecemos. Al no crecer nos convertimos en un poquito más pobres. Garantizar los derechos del otro y considerar al de enfrente es crecer. 
  5. El desarrollo interior: ¿Promovemos un estilo de vida, un estilo de trabajo que favorezca el crecimiento interior de las personas? ¿Aportas a tu día a día algo más que un listado de “puntos pendientes”? Para, reflexiona y piensa la estrategia que te permita ver un horizonte que te llene. La visión es aquello que te aporta sentido. Si no lo hacemos, lo único que pasa es el tiempo. Y llega el viernes, qué bien. Y llega el lunes, qué mal. “Si no nos ocupamos de nuestros silencios no nos ocupamos de nuestro desarrollo”

Decía el manifiesto que os adjunto sobre Slowwork que se necesitan cada día 15 minutos de absoluto silencio fuera y dentro de uno mismo. Curioso. El “examen Ignaciano” te animaba a detenerte unos minutos cada día para reflexionar sobre la jornada y descubrir la cantidad de regalos que recibes. Misma reflexión hecha hace varios siglos. 

Esto va para mí: ¿Conceptos en clave de modas? Y nosotros que pensábamos que estábamos innovando… únicamente hacemos lo que hicieron muchos otros, y parece que con escaso éxito viendo este mundo en 2012. No nos queda otra que lo de siempre. Sigamos innovando, o al menos reaccionando.

Que por cierto, comentaba Fitch en las noticias de ayer, que España debe continuar con sus recortes en Educación y Sanidad. Lo dicho. Al menos no nos cansemos de reaccionar.

* Gran foto (ellos son una de las pocas cosas que nos alejan del YO) de flickr: http://www.flickr.com/photos/chrisk4u

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