Bravo, Marcelo.

Tenemos la oportunidad de leer hoy un bonito reportaje sobre las inquietudes de Marcelo Bielsa en El País. Me ha gustado. Un titular: El futbolista mejora cuando es perdonado y querido”. No era yo de los convencidos del cambio que nos planteó Urrutia antes de las elecciones. Un cambio que, a priori, no parecía necesario (clasificación europea, final de copa…). San Mamés estaba dividido durante la campaña electoral. El tiempo, poco a poco, le está dando la razón.

El Athletic necesitaba crecer. Con paciencia. Hoy parece otro equipo. Mismos mimbres, diferente cultura; los resultados son otros. Se encuentra en un camino hacia la transformación. Lo afirmaba Iñigo Diego hace unas semanas en un post de Ferruelo & Velasco:

“No es fácil cambiar ciento y pico años de historia en dos meses. Lo que está haciendo Bielsa es de valientes pero le va a costar. Y lo va a conseguir.”

Hoy es un día crucial. A menos de hora y media para que empiece el partido del Bernabeu, Bielsa sabe que se juega mucho. Se juega probar su modelo en el viejo continente. Una victoria del Athletic elevaría el modelo de Bielsa a los altares. No hace falta decir que una buena actuación del Athletic hundiría el modelo de Mou. Poco que perder. Muchísimo que ganar. 

En referencia al artículo de El País, únicamente quería poner el foco en dos de los apuntes de sus charlas: Resiliencia y gestión de la uniformidad. 

  • Resiliencia: “La resiliencia es la principal virtud de un jugador. Es la virtud que tiene un cuerpo de recuperar la forma original después de haber sido deformado. Los grandes jugadores superan inmediatamente el dolor de la derrota o cualquier dolor que le produzca el juego”.

  • Uniformidad. “Los que tenemos que gobernar colectivos queremos que todos los jugadores sean iguales. Estamos en contra de los diferentes. Pero hay partidos de 0-0 en los que en el minuto 90 les pides a los jugadores: ‘Inventen algo’. Y te miran diciendo: ‘¿Toda la semana uniformados y en el minuto 90 de un 0-0 inamovible hay que ser diferentes?’. Ahí empiezas a entender lo imprescindible del diferente. No basta con tolerar al distinto. Es indispensable respetarlo… Y lo digo yo, que los tolero, no los respeto. ¡Pero sé que debo respetarlos! ¿Con qué condición hay que incluir al distinto? Que no arrastre a otros”.

Una gran lección. Rasgos de humildad al reconocer lo que le cuesta respetar al diferente, apunta la importancia de la gestión de la diversidad, la necesidad de marcar límites al genio para controlar su impacto en el colectivo, liga diversidad con creatividad e innovación para generar resultados, introduce la resiliencia en su modelo para calibrar la derrota. Inmenso.

Señores. Creo que tenemos un entrenador de otra época. Solo la dificultad para poder acceder a buenas fotos -con la que ilustrar este artículo- nos da pistas de lo diferente que es Marcelo. Disfrutemos, por favor. Disfrutemos.

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