Construyendo catedrales.

En general picamos piedra. No construimos catedrales. Y es un error.

Existe una pequeña diferencia. De enfoque. De cómo entendemos nuestra vida y nuestra profesionalidad. Lo verás día a día en tu entorno. Algo cultural de quienes nos centramos en “el hacer”; en lo operativo sin necesidad de ver el bosque. “El día a día que nos traga con fuerza”. Excusas. Dejamos que los demás nos prioricen la agenda y al final no sabes ni siquiera por qué estás aquí. Qué haces ahí. Para qué te contrataron.

Una vez le preguntaron a dos personas que trabajaban en una cantera cuál era su trabajo, cuál era su propósito. 

Uno de ellos respondió que se dedicaba a “picar piedra”.

El segundo de ellos, quien hacía exactamente el mismo trabajo, se paró un momento, y muy ilusionado mirando hacia arriba afirmó: “Estamos construyendo una catedral”.

Pequeños matices que convierten una existencia en vida. Tus tareas en una ocupación con sentido. No siempre depende de nosotros, es cierto. Aunque no nos engañemos; en gran parte sí que depende. Y tanto que depende. Somos responsables de nuestro propio desarrollo profesional. Somos responsables de las riendas de nuestra vida. El problema es que estamos demasiado ocupados cediendo responsabilidades. Nos fue bien siendo irresponsables.

También es cierto que un equipo sin liderazgo se rinde pronto y acaba conformándose con picar piedra. No lo hagas. Culebrea, pregunta, demuestra tu inquietud, interésate, muestra iniciativa, construye y crea, no solo cumplas con tu tarea. Y deshazte de los quejicas. Hazlo a diario. Ese plus te diferencia del resto.

Lo mejor de todo es que los proyectos más chulos, los trabajos que a todo el mundo le gustaría hacer acaban cayendo en manos de quienes culebrean. ¿Cuestión de suerte? #nipaDios. Es maravilloso. Porque todo se retroalimenta.

* Con ustedes la Catedral de San Basilio, junto a la Plaza Roja de Moscú. Una foto de Pedropac72

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