Muerte a las cartas de recomendación.

Quienes trabajamos en esto de la gestión de personas, con bastante frecuencia nos cruzamos con cartas de recomendación. Suelen ir de la mano del CV de la persona e incluyen este tipo de perlas:

  • Fulanito certifica que Menganito ha trabajado aquí de tal fecha a tal fecha. Hasta aquí todo correcto y perfecto. Puede ser útil. Habrá quien piense que se puede ahorrar el pedir referencias a la empresa para comprobar la veracidad de los datos.
  • Durante el tiempo trabajado, Menganito ha demostrado ser un gran profesional, con gran capacidad de trabajo y dedicación.
  • Menganito es una persona leal, que sabe trabajar en equipo.
  • Estoy segur@ de que será capaz de afrontar los retos que se le propongan.
  • Me permito recomendar ampliamente a Menganito agradeciendo su atención y su dedicación.

Bla. Bla. Bla.

Ninguna carta de las que he leído en mi vida aportan una sola área de mejora para la persona. Ninguna. Es más, aquí nos dan una serie de pautas sobre cómo redactarlas. Fundamental enfatizar las características positivas de la persona. 

¿De qué sirve una carta de recomendación? ¿Qué te puede aportar este documento cuando todas las cartas del mundo mundial son idénticas?

La carta de recomendación actúa como un vestigio de ese pasado de cariz paternalista -que ya no volverá- que envolvía toda relación empresa/persona. Yo, papá empresa, doy fe de que eres un buen chico y de que te vas a portar bien allá donde vayas y no pueda controlarte.

Paso de las cartas de recomendación. Lo siento mucho. Es difícil fiarse. 

Por el contrario, lo comentaba ayer en twitter, me sale automático. Leer un CV o su correspondiente carta de recomendación, y buscar a la persona en Google. Con la intención de conocerla, aprender de ella, investigar sobre los talentos de esa persona a quien queremos contratar:

¿Quién eres? ¿Qué has hecho durante este tiempo? ¿De dónde vienes? ¿Con quién te relacionas? ¿Compartes algo con el mundo? ¿Qué aportas?

Me reafirmo en la importancia de coger las riendas de nuestro desarrollo profesional. No vale de nada una carta de recomendación si no estás trabajando una estrategia de marca personal tú por tu cuenta. Sí, en la red. Sí, en ese sitio que te da tanta pereza y para el que nunca tienes tiempo. Porque tú eres alguien muy ocupado/a. Pues yo creo que es importante.  

Porque llega un día en que te quedas sin trabajo y te encuentras en pañales.

La primera pista. Abre un blog, una página web, algo que te ayude a recopilar todo lo que haces. Un sitio en la red donde hables de tus proyectos, tus inquietudes, tus conocimientos como profesional. Anima un debate, conversa con las personas y llegarás a conocer gente realmente interesante en tu campo. Pero hazlo.

Mi amigo Esteban, por ejemplo, está en ello. Encima tiene la suerte de poder hacerlo en alguna publicación de cierto renombre en su sector. Escribiendo poquito a poco se va creando tu propia marca personal. 

Y así dejas de depender de lo que escriban los demás. ¿Estás dispuesto a escribir tu propia historia?

* La foto es de arquera, alguien que, sin duda, dibuja su propia historia.

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