Una universidad retratada.

“Quizá podamos encontrar el equilibro por medio de una "mejor ciencia y mayor conciencia; mejor progreso y mayor humanidad”

Ayer tuve tarde de desconexión. No ha sido algo frecuente en este mes de julio… y aproveché para leer un breve documento que llevaba meses en la maleta. Con motivo del 125 aniversario de la Universidad, el pasado mes de septiembre tuvi(eron)mos en Deusto una inauguración de curso especial, con la lección inaugural de Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús.

Creo que en algunos puntos daba en la diana, con mensajes que no nos cansamos de repetir quienes achacamos nuestra situación -global- a la profunda crisis de valores y de ética de nuestro tiempo. 

En su discurso reflexionaba sobre el papel de la Universidad ante los retos y los problemas del mundo de hoy:

Una educación puramente científico-técnica y racional no basta: si no desarrollamos algún tipo de revolución espiritual que pueda mantenernos al mismo nivel que nuestro genio tecnológico, es muy improbable que consigamos un auténtico progreso humano. Nuestras dificultades encubren una crisis espiritual más profunda”

En esta tesitura, achaca que la Universidad no debe ser casi en exclusiva un camino hacia la profesionalización. De ser concebida como un lugar de búsqueda del conocimiento, hoy el conocimiento deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en mercancía, de ser vendida, de ser comprada.

“La Ética, las Humanidades y las Ciencias Sociales deberán tener un mayor protagonismo en el diseño de la sociedad para el Siglo XXI si no queremos estar supeditados al dictado de la economía y el mercado”

Para ello, propone algunas sugerencias que permitirían dar pasos para poner esta máxima en marcha:

  1. Promover el equilibrio entre las disciplinas científico-técnicas y humanísticas, así como el equilibrio entre la búsqueda del conocimiento y la satisfacción de las demandas del mercado.
  2. Procurar que la extensión del conocimiento no produzca nuevas desigualdades y mayores abismos, e impulsar soluciones que sean aplicables a países y personas desfavorecidos.
  3. Fomentar investigaciones que encuentren modelos más justos de economía y gobernanza, y aportar un pensamiento capaz de anticipar nuevas visiones y caminos.
  4. Lograr que el conocimiento sea transformador y fomentar en la academia, la sociedad y la opinión pública la asunción de principios éticos irrenunciables.
  5. Impulsar la escucha y el diálogo intercultural e interreligioso.
  6. Favorecer las dimensiones más profundas del saber humano y el sentido de trascendencia: la verdad, la bondad y la belleza.
  7. Aplicar modelos de enseñanza aprendizaje que fomenten el pensamiento autónomo y profundo, y ayuden a extraer verdadero conocimiento ante la avalancha de información a la que estamos sometidos.
  8. Utilizar las oportunidades de las tecnologías de la comunicación para difundir el conocimiento y extender la formación de manera más creativa y participativa.
  9. Ayudar a tomar conciencia de la responsabilidad social de la formación universitaria.

Humildad, constancia, grandes ideales, descubrimiento de la persona… hablamos de ese “hacia dónde debiéramos ir”. Puede que hoy estemos más lejos que nunca de esos objetivos. Leía hoy un tweet de Pedro que resumen tan bien todo esto…

“Hablamos de incentivar el esfuerzo y nos peleamos por instalar Eurovegas”. Pues eso, algo nos salió mal. 

*Y estamos saliendo retratados… una foto de Beth19 en flickr.

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