Her. ¿Seremos capaces de afrontar la soledad?

¿Y si avanzáramos hacia un individualismo tal, que llegáramos a resignarnos ante una vida en soledad? ¿Y si redujéramos al máximo el contacto personal en pos de lo virtual? ¿Y si comenzáramos a darle vueltas a algo que se encuentra a la vuelta de la esquina?

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“¿Sabes?, a veces siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. Y de aquí en adelante nunca voy a sentir algo nuevo. Sólo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido." 

"Her”, la nueva película de Spike Jonze, es uno de esos largos que me han hecho reflexionar, y que se ha convertido desde hace unos días en #silenciorecurrente (como ya lo fue hace unos meses la miniserie “Black mirror”). La historia nos proyecta en un futuro que se fundamenta en lo virtual, en el que el protagonista, Theodore (Joaquin Phoenix), llega a enamorarse de su sistema operativo (el denominado OS1). Inteligencia virtual, artificial, que llega a suplir a lo real. Una película que nos muestra a personas sonriendo solas, hablando con sus dispositivos móviles, emocionándose en una conversación virtual con ese ello artificial. De hecho, se hace extraño ver a dos personas de carne y hueso manteniendo una conversación en la misma escena.

¿Suena lejano? El futuro que nos describe Jonze está a la vuelta de la esquina. En el metro, paseando, en las cafeterías, nos envolvemos en una relación con nuestros móviles o tablets que nos permiten olvidarnos de todo lo demás. De todos los demás. 

En “La singularidad está cerca”, Ray Kurzweil fecha un futuro similar al descrito en “Her” en 2045. Entre otras cosas nos cuenta cómo “el hombre será capaz de superar sus limitaciones biológicas creando máquinas inteligentes capaces de aprender, crecer, experimentar”. Estas máquinas (sistemas operativos), inicialmente indistinguibles al ser humano, afirma, alcanzarán cotas de inteligencia artificial imposibles de imaginar hoy en día. 

Silencio. Soledad. Desconexión.

Volviendo a la película, una de las cosas que me llamaron la atención fue el silencio, el aura silenciosa que envuelve toda la película. Un silencio necesario (para poder interactuar verbalmente con el sistema operativo), pero también un silencio desasoseagador, tenebroso, aquel nos remite irremediablemente a uno de los problemas existenciales humanos, la soledad.

Desconectados. Incompletos. Rotos. La paradoja es cómo una sociedad cada vez más conectada se puede sentir tan sola. Cómo nos podemos permitir el lujo de cultivar el individualismo, la polarización, las opciones egoístas, la falta de escucha, la injusticia. Y, sin embargo, cuanto más nos alejamos, más necesitamos conectar (si es necesario, con nuestro sistema operativo). SOMOS en compañía, SOMOS en relación, SOMOS seres en los otros. 

Comenzamos a ascender en una curva de desarrollo tecnológico que, exponencialmente, nos devendrá en un futuro que no somos capaces siquiera de imaginar. “Her” aprovecha su metraje para enfocarnos hacia algunas de esas reflexiones tan necesarias. Y si, además, es con música de Arcade Fire, mejor que mejor.

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