Periodos de incertidumbre.

Cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, nos encontramos en este período de incertidumbre.

Al aparato Hernán Casciari, escritor, periodista y bloguero argentino (afincado en Barcelona desde el 2000) que en 2010 fundó la revista Orsai, con vocación de distribución mundial y carencia de publicidad. Asumieron una tirada exclusiva de 6.000 ejemplares (10.000 en su primer número y pagada por adelantado) para que quienes pasaran por caja, fetichistas de un trabajo excelente, permitieran a otras miles de personas un acceso libre y gratuito a la revista desde el mismo día de la publicación.

Hernán, cansado de las estrecheces de las editoriales (que retribuían su trabajo con únicamente entre un 8 y un 10% de sus ventas y que le alejaban irremediablemente su público, de su lector/a) se limitó a matar al intermediario.

Los cambios que la digitalización ha provocado en sectores como el de las editoriales o el periodismo deberían habernos puesto las pilas a todos, revolviendo los cimientos de organizaciones que, más tarde o más temprano, mutarán/remos. Algunos nos revolvemos, intentamos encontrar pequeños universos de sentido a través de los cuales procurar la sostenibilidad de nuestros proyectos. A veces, incluso, a espaldas de la Dirección. Aunque también es cierto que no todos priorizamos los recursos hacia ese pensamiento estratégico.

La complejidad de los contextos competitivos ha colocado a quienes nos dirigen en una situación incómoda. No controlan las variables. Lo viejo no acaba de morir, y lo nuevo no acaba de asentarse. El barco no acaba de virar, y entre tanto no nos podemos permitir el lujo de asumir riesgos (el corto plazo manda).

Pasarán algunos años más hasta que nuevas generaciones lideren las organizaciones y asuman el cambio perenne. Pasarán algunos años hasta que la función del liderazgo se transforme y capilarice nuestro sistema competitivo. Y no dudemos que deberá hacerlo si queremos sobrevivir en sistemas competitivos complejos. 

Y, entre tanto, algunos proyectos mueren y otros modelos nacen (o éste, o éste). Proyectos acordes con los nuevos tiempos. Podemos quedarnos sentados y esperar, o bien, surfear nuevas olas, impulsar nuevos proyectos, conectar e innovar. 

Miedo tengo, porque miedo me da esta generación que nos lidera. Porque ni siquiera son conscientes de la complejidad existente ahí fuera, como para desarrollar e impulsar comportamientos de un nivel de complejidad similar en nuestras organizaciones. 

Según escribo el último punto al texto me viene a la cabeza la frase de Ignacio: “En tiempos de tribulación no hacer mudanza”. Y todo se resquebraja. Todo vuelve a girar.

En la imagen, un ejemplar de Orsai, cortesía de @mmunera.

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