Revuelto. No agitado.

Por fin aterrizo  Me acurruco para teclear gustoso, despierto, enérgico, con ganas de compartir algunos de los silencios recurrentes que me han gobernado en las últimas semanas. Me doy impulso y comienzo convencido, avanzo, dudo, retrocedo tembloroso. Mejor lo consulto con Ana. Mientras, va creciendo un nudo en el estómago. Me aprieta y por momentos me cuesta respirar.

Llevo una racha de conversaciones en los últimos días que me están removiendo. La realidad danza a mi alrededor mientras trato de identificar prioridades, focos, un nuevo bucle transformacional que me dé cuerda, discerniendo con quién sí y con quién no, dónde esforzarme y dónde retirarme, qué agarrar y qué dejar ir. Dónde marcar los acentos.

Abro red. Provoco encuentros con gente a la que quiero. Con gente con la que disfruto estando, pensando, creando. En realidad, no sé si los provoco o me provocan, pero estoy agitado. Es tiempo de un nuevo plan estratégico, de nuevas colinas soleadas, de bifurcaciones a la vuelta de la esquina. También me acuerdo de gente maravillosa a la que no he sabido agarrarme y que hoy echo en falta.

Todo esto tiene que ver con la manera en la que me auto-legitimo, con mi autenticidad o con la falta de ella. Con lo que deposito en los demás y con lo que deposito en mí mismo. Nunca lo había asumido de una manera tan cruda. Por otro lado, tiene que ver con cierta voracidad que observo a mi alrededor. Con sistemas de recompensa y reconocimiento que me rechinan, y que no sé si seré capaz de transformar. Una voracidad distinta a lo que había vivido anteriormente. Una voracidad menos vulgar, más elaborada. 

Resuenan mis miedos y me afectan los miedos de otros. Me aterra no legitimar nuestra función y no ser capaces de traccionar proyectos y cambios de calado. Pienso por un lado que los cambios nacen desde lo pequeño, desde esos microsistemas de liderazgo sobre los que reflexionaba con Elena esta mañana, pero me chirría pillar a contra pié a mi organización, intuir y valorar cosas que para otros no son relevantes. Me revuelvo al escuchar en unos discursos tan autocomplacientes cuando otros intuimos vientos de cambio. Me revuelve que traccione el poder y no el proyecto. Me revuelve que tengamos agendas tan dispares.

Vuelven las dudas y mis silencios. Tres años después, vuelvo a sentirme incómodo, algo que me aterra y que, a la vez, me hace sentir vivo… Lo veremos.

* La imagen es del gran Robert Jhans, todo un lujo seguir su cuenta de instagram o su tumblr

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