Visiones del cambio.

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Lo afirma CubeiroLo afirma Andrés OrtegaLo afirma Josep Maria Lozano. Lo recoge Paz Garde. Lo afirma Manuel Escudero. Lo afirma en conferencias Marc VidalIncluso ha aparecido por este blog. Muchos, muchas, hemos hecho referencia en algún momento de los últimos años a que “no es que estemos viviendo una época de cambios, sino que presenciamos un cambio de época”.

Es cansino, lo sé. Por mi parte, lo prometo, no volverá a ocurrir. Apostaría a que no ha habido generación que no haya afirmado que vivía en una “época de profundos cambios”, o que vivía en un “momento de cambio acelerado”. Todos pensamos que la época que nos toca vivir es excepcional, única, relevante. Lo hacemos condicionados por la proximidad de los sucesos, la inmediatez (y, por qué no, el exceso) de la información, las innovaciones que impactan en nuestro día a día, las burbujas que nos obnubilan. En parte, también lo necesitamos. Algunos, algunas, además, lo hacen porque intentan vendernos algo y merece la pena enfatizar la relevancia de aquello que proponen o venden.

Ayer acababa de ver con Ana la primera temporada de The Knick, una visión muy interesante de la medicina y la cirugía en un hospital de Nueva York a comienzos del siglo XX. Una época de cambios en la que a los médicos se les ocurría curar la adicción a la cocaína con heroína (un genial “nuevo medicamento de Bayer”), o en la que a los enfermos mentales les arrancaban los dientes (amígdalas, etc.) para prevenir infecciones y que no empeorara la enfermedad. 

“Vivimos en un momento de infinitas posibilidades. Hemos aprendido más sobre el cuerpo humano en los últimos cinco años que en los 500 años anteriores”. Dr. John W. Thackery

A la hora de hablar de cambio solemos hacer referencia al concepto de impermanencia. La primera vez que oí hablar sobre ello fue a Oscar Duña, e hicimos una referencia en un artículo que escribimos para la revista de AEDIPE. Buda dijo que
“únicamente la muerte es cierta; la vida es incierta”. El cambio es vida, es algo inevitable. Únicamente desde esta visión lo viviremos como una fuente de crecimiento e ilusión. Sin dejarnos de gaitas ni cambios de época, lo relevante es que estemos atentos y alerta ante los cambios, que seamos inteligentes para intuirlos, antes de que la realidad nos haya desplazado. 

Hoy tenemos muchos motivos para estar orgullosos de las innovaciones de los últimos 40 años, del cambio en la distribución del conocimiento o del salto tecnológico que impulsa lo digital y la globalización. Hay infinitas posibilidades por descubrir y madurar. 

Hoy, por desgracia, también tenemos demasiados motivos para estar avergonzados. En este mal denominado cambio de época hemos permitido que aumente la desigualdad hasta niveles desconocidos en el último siglo, disparándose desde los años 80. Por desgracia, si algo parece que no cambia es nuestra arrogancia, egoísmo y nuestra falta de humildad:

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(leído aquí)

El gráfico me remueve, y quiero dejarlo aquí, bien anclado en el blog, entre otros silencios recurrentes. Es lo verdaderamente relevante en este mal llamado cambio de época.

* La fotografía que encabeza el texto (cc) es del flickr de Lucas Cobb.

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