Danza primal e interacciones primordiales (2). Capacidad de gozo

Enmarcado en la formación sobre las capacidades básicas del Profesor Facilitador que impulsa el área de Innovación Docente de Deusto, hace unas semanas comenzamos una serie de posts acerca del modelo de las Interacciones Primordiales de Daniel Taroppio (*), quien mediante ejercicios vivenciales (energía, música, respiración, etc.) propone un enfoque holístico que favorezca el crecimiento personal y la transformación de las organizaciones. 

En el fértil terreno de la Confianza Básica, el gozo florece con absoluta naturalidad, es su consecuencia necesaria. Comenzamos a percibir que nuestra existencia no es un problema a resolver sino un juego que disfrutar.

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La segunda escala de este viaje es la capacidad de gozo, entendida como la erotización de la vida, el disfrute, el aspecto lúdico de nuestra existencia, en contraposición con el fantasma de la maldad original, el recelo y la desconfianza. Afirma Taroppio que “el mundo es un jardín. Salvaje, sí. Impredecible. E incluye la experiencia del dolor. Pero es un jardín maravilloso”. 

La vida es un flujo que se autorregula entre el sentir / hacer: la satisfacción del construir, la vitalidad de las destrezas, las habilidades, la inteligencia creativa, el arte, el componer una canción, el disfrute del sentir, la relajación, la respiración, los aromas, los sabores. Sin embargo, muchas experiencias tempranas bloquean estas potencialidades y empujan al niño al desequilibrio (disociación entre lo motriz -hacer- y lo cenestésico -sentir-; “¡no se llora!” “¿por qué te tocas?”). Comienzan a emerger estados que bloquean la capacidad de gozo. Desde la violencia / temor acabamos inmersos, por ejemplo, en una vida de hacer compulsivo: ¿cuántas nos vemos reconocidas en este hacer sin freno? Un psicoanalista me dijo hace poco que “tomaba notas y más notas para no sentir”. En definitiva, un hacer que bloquea el sentir, el pensar, el disfrute, la creatividad, y a la larga, el ser. También disociamos la represión, el castigo, el deseo compulsivo que nos traslada al futuro: “Nunca se desea lo que se tiene. Lo que se tiene se goza”. Acabamos en una espiral promiscua, de descuido personal, de invasión del otro. ¿No acabamos siempre viviendo desde lo que no tenemos? ¿No nos ausentamos del presente?

La herramienta fundamental en esta sesión es el trabajo con el centro pélvico, ligado al impulso, el dinamismo, el movimiento, el entusiasmo. La sexualidad desde el juego, el enriquecimiento personal y afectivo, el disfrute y la alegría. “El objetivo es liberar la musculatura pélvica, lumbar e inguinal, a fin de soltar la región genital (…) a través de movimientos cadenciosos, fluidos, ondulantes y sexuales” (danzas caribeñas, brasileras, árabes, orientales) Los bloqueos de este movimiento se materializan en corazas musculares que acaban afectando a la sexualidad y a toda la personalidad. El objetivo es recuperar la memoria del disfrute. Quien se enoja con su sensualidad no puede deleitarse en su disfrute. Se hace evidente una rigidez corporal y mental que afecta a otros ámbitos de la vida. Aparecen conductas que ligan con la envidia, la exclusión, las conductas agresivas hacia los otros. Desembocan en la vergüenza, la inhibición y el aislamiento, la falta de vitalidad e incluso aspectos violentos como la promiscuidad o incluso las violaciones. Por no hablar de síntomas a nivel físico (dolores, contracturas, hernias de disco…) 

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La capacidad de gozo busca estimular y sanar la sensualidad y la sexualidad para influir en todos los aspectos de la vida; reconectarnos con la alegría de vivir, la belleza, la pasión, la celebración, el contacto, el vínculo, el cuidado, la empatía con los otros. Florece un nuevo mundo de posibilidades que facilita que los demás conecten con su alegría interior. Personas, en definitiva, un poquito más vivas.

(*) La base de lo contenido en esta serie de textos se basan en “El Vínculo Primordial” de Daniel Taroppio así como en lo acontecido en el taller liderado por Elena Quevedo y Piedad Arbaiza en la Universidad de Deusto.

(**) Fotos desde 3.355 metros en el instagram de @josutorrealday y desde el flickr de @seriousbri.

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