¡No sin los profesores!

Me he escapado a Madrid esta mañana prontito. ¿La excusa? La primera de las jornadas del Seminario Bienal de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria: “¡No sin los profesores! Claves de futuro profesional del profesorado universitario” Profesor@s e investigador@s como columna vertebral de la universidad junto con estudiantes el colectivo de gestión.

¿Seguimos teniendo un sistema de reclutamiento endogámico? ¿Qué papel juegan los sistemas de evaluación? ¿Y la evaluación de los alumnos? ¿Seguimos contratando el mismo “perfil” de profesor? ¿Cómo fomentar la movilidad entre universidades? ¿Qué dificultades nos encontramos para incorporar profesorado extranjero? ¿Hacemos realmente competir al talento?

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Francisco Michavila abría la sesión con una referencia a Manuel Azaña, quien solía recoger y documentar sus reflexiones a diario, sin el poso de la reflexión con la almohada. Pretendo hoy hacer lo mismo mientras escucho la ponencia de cierre de la tarde. El texto de hoy es la recopilación a vuela pluma de algunas de las claves con las que he conectado en esta primera jornada del seminario.

Resumo lo aportado por el propio Michavila (diagnóstico / lección inaugural), Salvador Ordoñez, José Luis Montañés, Ariane González  -representante de alumnos de la Politécnica- (quienes presentaron su visión acerca de los procesos de evaluación para el acceso a la carrera docente), José Carlos Marques (quien nos presentó la experiencia de la Universidad de Oporto), Robert F. Mudde (de la Universidad TU Delft en Países Bajos), y Rafael van Grieken y Jorge M. Martínez (quienes nos hablaron de las políticas de profesorado en la Comunidad de Madrid). Cierran en estos momentos la jornada Carlos Conde y Francisco Michavila.

Michavila presentó una radiografía del colectivo en España. Nos habló del evidente efecto tijera en la distribución de sexos de la carrera académica (¡por supuesto, llegaron las mujeres!), del envejecimiento del colectivo (que abre un futuro por construir para quienes se inician en la carrera docente), de una tasa de reposición de plazas muy baja lastrada por estos años de crisis (entre 2012 y 2014 se redujo en un 10% el número de profesores en nuestro país, lo cual ha obligado a jóvenes doctorados a huir al extranjero), de las ridículas cifras de ayuda a la formación y a la movilidad del profesorado, del ratio de inversión (I+D+i) en educación superior en España (sonrojante comparativa con los países europeos). Nos contó que el 86% de los doctores trabajan en universidades de la misma Comunidad Autónoma en la que leyeron su tesis (¡el 68% en la misma universidad! –ojo, que este dato lo compensan las universidades privadas y no contempla los hitos o movimientos intermedios-), de la posición de España en ratios de publicaciones, calidad de la docencia y recursos. Defendía que la fotografía de resultados en base a los recursos invertidos no es mala.

Completaban su diagnóstico en la mesa redonda de la tarde Montañés y Ordoñez, introduciendo una visión histórica de los procesos de evaluación (¿cuánto hemos cambiado en 40 años? ¿y en el último siglo?), el papel de las actuales agencias de acreditación, los procesos de selección y los retos de la universidad que está por venir:

¿Cómo hacemos los procesos (concursos de acceso)? ¿cumplen los procesos de selección su misión de conocer y evaluar al candidato/a? ¿qué se evalúa? ¿qué evalúan las universidades públicas? ¿y las privadas? ¿estamos en el camino correcto?

En cuanto a la carrera, ¿hacemos todos/as las mismas funciones docentes? ¿debe haber una única carrera docente? ¿no podrían existir distintos perfiles en base a las dedicaciones? ¿cómo asegurar la innovación metodológica en un momento de cambio acelerado? ¿podemos continuar dejando el desarrollo y el crecimiento profesional al voluntarismo individual de cada persona?

El contrapunto internacional nos lo aportaron las experiencias de la Universidad de Oporto y la holandesa TU Delft. Nuestros vecinos comparten diagnóstico con nuestro país y nos trasladaron algunos de los avances a nivel legislativo (flexibilizando la normativa y facilitando a las universidades una doble legislación) y de carrera académica (ya no se contempla la contratación de perfiles sin doctorado, se agilizan los procesos de selección…) que han abordado.

La visión holandesa es diferente (tan cerca pero tan lejos). Se pone de manifiesto una menor complejidad legislativa, la asunción temprana de la primacía del inglés (apuntaba entre risas que “nuestros alumnos prefieren profesores que hablen un mal inglés a un mal holandés”), la necesidad de ser estrictos con los procesos de evaluación internos de la propia universidad (basados en objetivos, medición de resultados y una política de promoción “up or out”), con los procesos de selección (el profesorado se incorpora con contratos temporales de 5 años durante los cuales debe demostrar madurez docente e investigadora con evaluaciones anuales, se trata de procesos con autonomía de decisión a nivel de departamento, con pruebas estrictas –entrevistas con varias personas de la facultad, ponencias de 20’ de cada candidato, la necesidad de impartir una clase “real” con alumnos en la que cada candidato es evaluado por los propios estudiantes de la universidad ¡! –curiosamente, deciden los departamentos pero no se percibe que exista una gestión endogámica-) la política de jubilaciones (“a partir de los 66 todos/as dejamos de dar docencia. ¡No queremos que alumno y profesor pudieran llegar a llevarse 50 años!”).

Se ensalzaba una mayor autonomía y responsabilidad de las líneas de investigación e IPs (“todos somos IPs y debemos autofinanciar nuestra actividad. Si con 30 años no eres capaz de financiar tu investigación es imposible hacer carrera en nuestra universidad”), la dualidad docencia e investigación (salvo contadas excepciones todo el mundo, a todos los niveles, imparte docencia), la obligatoriedad de recorrer los itinerarios formativos –en áreas de metodologías docentes, investigación, financiación, nuevas tecnologías, competencias genéricas…- una formación no negociable, obligatoria, más aún en las etapas tempranas de la carrera (¡los propios representantes del alumnado -Ariane- demandaban que los/as profesores/as se formen!)

Lo dicho; tan cerca y tan lejos. En la etapa de Zapatero se encargó a una Comisión un documento para la renovación de las metodologías educativas en la universidad. Se presentó en el Consejo de Universidades, se colgó en la web del ministerio y, como en tantas ocasiones, se metió en un cajón. ¿El reto es complejo? Sin duda. Nuestro mundo es complejo. ¿Seremos capaces de realizar un análisis crítico? ¿De seleccionar lo que nos complementa sin desechar “per sé” nuestro modelo sino enriquecerlo? Pensemos a dónde queremos llegar. Quiénes queremos ser.

“Aquí nunca le ha pasado nada a nadie por no hacer nada, los problemas llegan cuando hace algo” cerraba Michavila. Sigamos trabajando…

* Fotografía del evento (instagram

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