Santo Tomás de Aquino y nuestros premios Goya.

Santo Tomás de Aquino Deusto 2020

Coinciden en esta recta final del mes de enero dos acontecimientos que me animan a sentarme delante del ordenador y desempolvar el blog (¡hola 2020!): la festividad de Santo Tomás de Aquino y los premios Goya que se han celebrado este fin de semana

Santo Tomás de Aquino. Hoy es 28 de enero, Santo Tomás de Aquino, patrón de universidades, estudiantes y profesores. Día de celebración en Deusto con la investidura de los y las recién egresadas (1.604 concretamente el pasado curso, zorionak!). En su discurso, nuestro Rector Jose Mari Guibert, ha recordado la figura del humanista y jesuita alemán Athanasius Kircher (siglo XVII). Es conocido como el «maestro de las cien artes» (astronomía, química, geografía, música, innumerables disciplinas), siendo representante de la cultura barroca, escritor prolijo, gran creativo e incluso, se aventura el Rector, algo fantasioso en sus extrapolaciones. Se dice de él que probablemente fuera «la última persona que sabía de todo«. Cómo hemos cambiado. Quizás hoy pudiéramos decir que ya nadie sabe de nada.

Menciono lo anterior con cierto sarcasmo, al leer ojiplático el tweet de Arturo Pérez-Reverte, miembro, no lo olvidemos, de la Real Academia Española (RAE), a raíz de la celebración de los premios Goya de nuestro cine. Denigraba a golpe de tweet la política de subvenciones al cine, y creo entender que criticaba, de manera irónica, la política económica de promoción de la cultura. Lo hace quien tiene como encomienda ser garante del cuidado de la lengua desde los sillones de una de las principales instituciones culturales de nuestro país. Y lo hace plenamente consciente del impacto y alcance de sus palabras, pólvora para memes, discusiones de barra y grupos de whatsapp. Tema manido, por cierto.

Me encuentro con compañeros y amigos muy queridos que aprovechan la coyuntura para ejercer de pensadores económicos y juzgar la desviación en el uso del capital productivo hacia estas actividades… esencialmente improductivas. Qué diablos; el cine no contribuye a la riqueza de la nación. ¡Que se paguen (esos rojos) sus películas!

Leo a autores como Smith, Ricardo o Bentham (posteriores todos a Aquino) que defendían que el arte debía quedar en manos de la iniciativa privada y de la elección del consumidor.

«Prejuicios aparte, el juego de los bolos (push-pin) es de igual valor que las artes y las ciencias de la música y la poesía. Si el juego de bolos proporciona más placer, es más valioso que cualquiera de aquellas. Además, todo el mundo puede jugar a los bolos: la poesía y la música son afición de unos pocos». Bentham (1843)

Ay, pero es que yo me quedo con el argumento de Mill (1848, coetáneo del anterior), que decía al respecto:

«Hay bienes (como la educación) que no pueden juzgarse por la demanda del mercado (…), especialmente aquellos que son principalmente útiles porque tienden a elevar el carácter de los seres humanos. Las personas incultas no pueden ser jueces competentes de la cultura»

Yo creo que tenemos un problema. No somos capaces de evaluar el impacto económico de las iniciativas culturales que promovemos ni tampoco sabemos cómo medir sus externalidades positivas. Los estudios de impacto que se vienen realizando (y me incluyo, como promotor cultural en nuestra pequeña aldea) suelen ser pomposos y, muchas veces tendenciosos para justificar ante el ente público la subvención correspondiente. Además, la tarea de cuantificar los beneficios, el valor económico como bien público del arte, resulta ardua y compleja. No sabemos medir la importancia simbólica, lo estético, el placer, la estimulación de las emociones y los sentidos, la empatía, los lazos sociales vinculados al arte, el legado histórico…

Creo firmemente que la cultura contribuye al crecimiento de la sociedad, y no únicamente en un plano socio-cultural, sino también en lo económico. Sin duda el impacto positivo de lo cultural desborda los parámetros del análisis económico tradicional: «Sapientia melior auro» (la sabiduría es mejor / vale más que el oro), reza el lema de nuestra querida Universidad de Deusto. Sin embargo, al igual que nos sucede en el ámbito de la Gestión de Personas / Recursos Humanos, nos cuesta horrores medirlo.

Fotografía extraída de la cuenta de Twitter de Deusto

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