#8M2019

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(…) Lo mismo que Menchu con los estudios, a la niña no le tiran los libros y yo la alabo el gusto, porque en definitiva, ¿para qué va a estudiar una mujer, Mario, si puede saberse? ¿Qué saca en limpio con ello, dime? Hacerse un marimacho, ni más ni menos, que una chica universitaria es una chica sin femineidad, no le des más vueltas, que para mí una chica que estudia es una chica sin sexy, no es lo suyo, vaya, convéncete. ¿Estudié yo, además? Pues mira, tú no me hiciste ascos, que a la hora de la verdad, con todo vuestro golpe de intelectuales, lo que buscáis es una mujer de su casa, eso, y no me digas que no, que menudos ojos de carnero degollado me ponías, hijo, que dabas lástima, y, en el fondo, si me conoces en la Universidad hubieras hecho fu, como el gato, a ver, que los hombres se os ve venir de lejos, y si hay algo que lastime vuestro amor propio es tropezar con una chica que os dé ciento y raya en eso de los libros. Mira Paquito Álvarez sin ir más lejos, cada vez que empleaba mal una palabra y yo le corregía se ponía loco, aunque aparentase charlo a broma, ya, ya, bromas, claro que Paco procedía de un medio artesano y encajaba mal los golpes, eso es verdad. ¿Sabes qué decía mamá a este respecto? Decía, verás, decía, “A una muchacha bien, le sobra con saber pisar, saber mirar y saber sonreír, y estas cosas no las enseña el mejor catedrático”. ¿Qué te parece? A Julia y a mí nos hacía andar todas las mañanas diez minutitos por el pasillo con un libro en la cabeza y decía con mucha guasa: “¿Veis cómo los libros también pueden servir para algo?” Pues, lo que oyes, saber pisar, saber mirar y saber sonreír: no cabe, me parece a mí resumir el ideal de femineidad en menos palabras (…)

Y, así, cinco horas con Mario. Estamos con vosotras. Estamos en la lucha. #8M2019.

Fotografía de Cory Woodward, en Unsplash.

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