¿¡Cómo está el mundo!? | artículo en Revista Deusto.

¡¿Cómo está el mundo?!

Llevo unas semanas sin escribir. Bueno, corrijo; un par de meses… No fluyen las frases porque estoy revuelto en otros menesteres. Se activa mi vena musical y ocupa espacios que desde hace unos años venían ocupados por las líneas de este blog. Me estaba entrenando para que alguna de estas líneas tomaran forma de canción y requirieran mi atención a jornada cuasi completa. Quien pase por aquí y le apetezca escuchar, Mondo Sonoro ha publicado hoy en exclusiva el vídeo de una canción del disco.

Aun así, aprovecho para compartir un texto publicado en la Revista Deusto 137 (página 38) escrito a cuatro manos con Jorge Urrutia, buen compañero en Desarrollo de Personas de la Universidad y, entre otras muchas cosas, nuevo Director del Colegio de Jesuitas de Indautxu en Bilbao.

“En una sociedad en la que se nos impone que todo es posible, la depresión se desencadena cuando ya no se puede poder más.”


¿¡Cómo está el mundo!?

Con este sugerente título Albert Florensa, profesor de la Universitat Ramon LLull y fundador de Cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano del IQS, nos deleitó con su visión crítica del mundo en el encuentro anual de la Comunidad Apostólica de la Universidad celebrada el pasado 1 de febrero en Loyola (la Comunidad Apostólica es el espacio en el que las personas de la Universidad reflexionamos sobre la propia institución en clave de Misión).

Para dar comienzo a su evocadora y provocadora charla utilizó las palabras del P. Kolvenbach, quien parafraseando a un historiador de 1780, afirmaba sobre los jesuitas: “No intentaron hacer cristianos sino después de haber hecho hombres.”

Su pensamiento nos ayudó a observar nuestro contexto, del que somos parte, como profundamente acelerado y de cambio, similar al que le tocó vivir a San Ignacio. Un tiempo de progreso y ¿felicidad?, pero centrado en unos pocos, en un marco de creciente desigualdad y fragmentación, así como de deterioro medioambiental y en un conflicto con quienes tratan de huir de esta desigualdad. Nos animaba a replantearnos nuestro sentido de la eficiencia, como obedientes de una lógica del rendimiento, y la aceleración social que nos hace pasar del presente al instante, del discurso narrativo a los fragmentos de conocimiento; tayloristas espirituales en un sistema de aparente libertad y creatividad. “En una sociedad en la que se nos impone que todo es posible, la depresión se desencadena cuando ya no se puede poder más”, indicó. Ante el discurso generalizado de dominio de nuestro propio destino, Florensa nos preguntaba “¿Debemos educar en el ‘yo puedo’, o en la frustración’?”.

Por la tarde apuntó algunas claves de respuesta como Universidad ante esta realidad. ¿Surfeamos o buceamos? Nos incitó a descubrir la mirada en el otro, en las clases presenciales más allá de la técnica, a ejercitar la pasividad activa y el aburrimiento productivo, y a transitar y conectar con el presente antes de llegar al futuro. “No hay tolerancia al hastío, es un activismo continuo en el que vivimos.” “La vida hoy puede ser más larga, pero al final la vida es
más breve”, manifestó.

La jornada se completó con espacios de reflexión individual y en grupo entre las más de 100 personas congregadas, y con ricos diálogos con el ponente en los que nos indicó que “el futuro ya no es escenario de esperanza y de utopías, sino de miedos.” El rector, José María Guibert SJ, en su saludo inicial manifestó su deseo de que ésta fuera una jornada “que nos mueva interiormente” y creemos que cumplió sobradamente su objetivo, a tenor de las evaluaciones recibidas, de las que indicamos algunos ejemplos:

  • Esta experiencia es una inutilidad de extrema utilidad.
  • Describiría este momento como el comienzo de un nuevo camino en el que me planteo por qué estoy en la Universidad de Deusto, para qué y para quien.
  • Demasiado provocador: ¿es incompatible una universidad más competitiva con una universidad más comprometida?
  • El encuentro en grupo pequeño permite conocernos mejor, nuestras inquietudes y proyectos.

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