Neuro-management. Siempre tuyo.

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Comienzo hoy pidiendo disculpas: Perdón. Se lo debo a mi buen amigo Anibal Astobiza quien hace más de dos años me prestó su copia de #neuro-management firmada por Carlos Herreros, su autor. Seguro que el bueno de Anibal no barruntaba que la cesión se prolongaría durante más de 700 días… yo al menos no. La verdad, nunca veía el momento de hincarle el diente al texto, y eso que curiosamente, durante este tiempo, he leído un par de libros sobre la temática… Por supuesto, también extiendo mi petición de perdón al propio libro, que ha almacenado polvo en casa ajena durante todo este tiempo.

El caso es que hace una semana celebramos el día del libro, y casualidad, cayó en mis manos la carta “siempre tuyo: carta del libro que prestaste y nunca te devolvieron“. Culpable, rebusqué y lo encontré. Y aquí estoy, una semana después, poniendo blanco sobre negro y tratando de poner remedio tras una lectura sosegada (Anibal, ¿quedamos?). Siempre he sido de los que presumían de evitar prestar libros o discos: “se enfadan, se entristecen, y nunca vuelven“. Sirvan estas líneas para mirarme al ombligo y, como dice mi hijo de tres años: “hay que compartir, aita”, aun a riesgo de que pasen varios años.

Aprovechando la nota de indulto, trataré de aportar un par de párrafos para repasar alguno de los conceptos que se abordan en #neuro-management y que merecen la pena. Si bien no he comulgado con la estructura del libro, que me resultó un tanto confusa, comparto reflexión y preocupación por muchos de los temas que se abordan en él… no obstante, han pasado 7 años desde su publicación y desde mi punto de vista sigue estando totalmente vigente (como también lo está “La nariz de Charles Darwin y otras historias sobre neurociencia“, el ameno libro de José Ramón Alonso que leí el año pasado).

Se trata de un libro crítico,  con el management actual, con la manera de gestionar nuestras organizaciones. Durante toda la primera parte del mismo Herreros nos introduce en las teorías clásicas de gestión y nos provoca con referencias al conductismo (“no funciona”) y el humanismo (“está sobrevalorado”). “Estamos obsesionados con el liderazgo”, afirma. En la segunda parte se centra en los avances de la neurociencia para entender nuestro cerebro y comportamiento y aplicarlo a la gestión y el liderazgo de equipos. Para ello, referencia ideas de numerosos autores y estudios: La focalización de la atención, el miedo y las emociones, la gestión del estrés, los procesos de cambio y la cultura organizativa, la importancia de los memes para generar cultura y cambio… ¿Cómo avanzar hacia nuevos modelos de gestión basándonos en la neurociencia? Temas recurrentes en el ámbito del coaching y que van refutando estudios científicos.

Stay focused on the topic.

Una de las ideas que me salpicó del libro es todo lo que hace referencia a la atención (o el déficit de atención) y la función directiva. “Si se pregunta a los directivos qué hacen, casi con seguridad responderán que planifican, organizan, coordinan y controlan. A continuación observa lo que hacen; no te sorprendas si no puedes relacionar esas cuatro palabras con lo que ves”. La realidad, afirma Herreros, es que “estudio tras estudio muestran que los directivos trabajan a un ritmo casi sin descanso, que sus actividades se caracterizan por la brevedad, variedad y discontinuidad. Fuertemente orientados a la acción, les disgustan las actividades reflexivas. Tienen un déficit de atención”. Gravemente tocado y hundido.

¿Cómo hacer para concentrarnos en la tarea en un contexto de centenares de impactos diarios? Emails, llamadas, mensajes / whatsapps, y “no tendrás un minuto” nos impiden focalizar la atención (no hablo únicamente de la función directiva). ¿Cómo combinar cooperación, orientación al servicio y calidad de atención? Tengo la sensación de que entre todos estos impactos se diluyen las horas y los días, se difuminan esfuerzos y me desvío de lo importante. ¿Cómo estimular una atención consciente para generar cambios? ¿Cómo promover rutinas que nos permitan abstraernos de lo superfluo, al menos durante un porcentaje de nuestra jornada laboral?

Nuestro cerebro no hace multitarea.

Y unido a lo anterior, Herreros derrumba uno de los mitos de moda: si queremos prestar atención a lo que estamos haciendo, la multitarea (simultanear a la vez más de una acción) es un mito. “Las investigaciones muestran que somos incapaces de hacer varias tareas a la vez desde un punto de vista biológico”. Lo único que hacemos es perder hilos conductores (¿por dónde íbamos?) y cometer mayores y más frecuentes errores. ¿No os pasa?

Lo he compartido con mi equipo en los últimos días y espero que podamos comenzar a poner remedio. Yo, entre otras cosas, voy a comenzar a desconectar para conectarme mejor con la tarea. ¿Qué otras cosas sueles hacer tú? ¿Qué te funciona?

Fotografía en Ocean beach, San Francisco, de Tim Gouw.

 

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