Aligeraba la pesadumbre de vivir.

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Hay tardes de domingo en las que me entretengo olfateando entre los libros de mis padres. Recorro estanterías seleccionando títulos al azar, analizo con detenimiento título y autor en el lomo y, si acaso, me atrevo a leer algunas páginas al vuelo. Me serena el pensar que muchos de esos libros lleven 30 años esperándome. Al contrario que la mayoría de nosotros la mayoría del tiempo, ellos no tienen prisa. Así que selecciono uno con cuidado y lo dejo caer en mi mochila. No se lo cuento a nadie. Cometo hurtos.

Señora de rojo sobre fondo gris” fue confiscado del salón de mis aitas hace unos meses y se ha convertido en el libro de cabecera que no me he cansado de recomendar este verano. Miguel Delibes enarbola un monólogo ficticio para homenajear la figura de su esposa, recientemente fallecida. Lo hace en palabras del pintor Nicolás, quien nos relata los últimos meses de vida de su mujer, Ana. Se lo cuenta a su hija (también Ana), presa política en los últimos años del franquismo, que acaba de salir de la cárcel. 1975.

“Yo he sido feliz 48 años; hay quien no logra serlo cuarenta y ocho horas en toda su vida”.

En este centenar de páginas retrata desde el profundo respeto, la admiración y la devoción por la que fue su compañera. Anécdotas de una intimidad que desembocan en un final conocido por todos desde la primera página. Que la novela no se publicara hasta la década de los 90 habiéndose escrito en los 70 quizás también sea retrato sociopolítico de aquello que sucedía en nuestro país hace no tanto. Dos retratos en uno. Tres si añadimos el que ilustra la portada del libro, la esposa de Delibes, Ángeles de Castro.

La primera lectura me llevó apenas una tarde de verano. Esta semana lo retomo de nuevo. Deteniéndome, respirando, subrayando. Espero que la imagen de la biblioteca de mis aitas me acompañe durante el curso, y que cuando la urgencia y la vorágine nos envuelva, recuerde todos esos libros que durante décadas me esperan, serenos, desde la calma.

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